En una noche de mensajes tejidos hasta el amanecer,
Naciste en mí como gotas de rocío sobre un cactus en tu desierto
Dejando entrever tu silueta en un cristal líquido
En pulsares de palabras derrochaste apariencias.
Como poblador sin previsión para un huracán
Te encontré amplia de sonrisa en las puertas de tu ciudad,
Y sin cortejos intermedios vacié una tempestad de abrazos
En tu cuerpo con notas lejanas de vivaz adolecente.
Mis labios como olas al ataque en Playa Revolcadero,
Inundaron los tuyos, llanura en sequía infinita.
Fruta bañada en barro, caída al pie de tu tallo,
Cifraste con tu esencia mis caminos desolados.

