viernes, 26 de marzo de 2010

Necesidad inexorable

En Isla de Arena, una tarde a 40 °C,
esperando el último instante
de la tarde bajo un cobertizo.
El mar se lo tragó la tierra, se fue,
imposible de verlo.
Descubrió su lodosas entrañas.
Larvas fluorecentes aparecieron
en tal cantidadad, que su baba
iluminó mis extremidades.
Isla de Arena, en los Petenes, Campeche,
de calles polvorientas y amistad a calle abierta.





Alvaro Yo también tengo un río de enfermedad y muerte
en mi geografía y en mi soledad Alvaro Mutis
¿No es verdad que es necesario desbocar esas aguas
podridas para que se oree la vida y la poesía?
¿Qué es necesario verle los ojos a la muerte
para aprender a morir a solas?

Estas enraizado en mis sentimientos de siempre
que te hubiera querido aún sin admirarte
que te hubiera regalado un poco de mi intimidad
si te hubiera visto algún día por la calle.

Tú que vives en el "pozo cegado" del exilio sabes
que un hombre no entrega su amistad sino
por una necesidad inexorable
Aquí va entera para que la guardes como un pañuelo
que acaba de consolar unas lágrimas

Raúl Gómez Jattin
Amanecer en el Valle del Sinú

martes, 16 de marzo de 2010

Febrero 10. Sábado

Este cráter moribundo, cayéndose en bloques

de rocas negras, con dos lagunas de vistosos verdes o azules

es el Nevado de Toluca.

En diciembre blanco y en verano gris,

Un día entero me dedico a descifrar mis

propias sensaciones en sus cumbres y picos,

a paso sosegado voy manoseando su tierra,

oliendo vientos y sintiendo tonalidades de fríos

Antes todo era sencillez, rusticidad, paz. Y de pronto el valle se vio invadido por las máquinas; el medio día fue roto por el grito estridente de las sirenas; los caminos se perdieron bajo toneladas de polvo y anchas vías cruzaron el verdor de los sembrados; los árboles, cercados por el humo, envejecieron y terminaron por perder sus hojas y sus nidos; y el silencio, ese bendito silencio que era como un manto protector tendido sobre el campo, huyo para siempre hacia las montañas.

La rebelión de las ratas
Fernando Soto Aparicio

Lo que fue el salto

Ese hueco que ustedes ven ahí, negro de puro sucio en una franja vertical como rayada de hollín o untada de betún, es, era, el famoso Salto de Tequendama. Yo lo recuerdo en mi niñez, deslumbrante de altísima blancura, cayendo en el estruendo de sus propias aguas como si desprendiera a pedazos, despaciosamente, en grandes paquetes de espuma que centelleaban como paquetes de luz en el vaho más pálido de la neblina eterna e iban dejando segmentos de arco iris en su caída interminable. No se le veía el fondo. Caía entre los verdes húmedos de los helechales y los pardos y ocres relucientes de la roca desnuda. Por ahí había desaguado Bochica el antiguo lago de la Sabana, rompiendo las peñas de un golpe de su vara de oro. Ahí se había detenido estupefacto el barón Humboldt, del cual los bogotanos de la época, que no conocían el Salto, solo sabían que era barón (cosa que los dejaba estupefactos).

Antonio Caballero
http://www.revistaarcadia.com/ediciones/53/op3.html