Como no acordarme cuando empecé,
Primero a escuchar las canciones y luego a sentir el contenido.
Cruzaba con seguridad mis 22 años,
era una tarde que salía de la escuela,
en un camión de trasporte público,
con tres o cuatro pasajeros,
y abarrotado de sonidos de cuerdas y voces
de este fulano que me alertó en seco y me dijo
a dónde vas, aquí está tu lugar.
Así entraron, sin escalas a mis gustos de ruido
Y soledad.
Acepté y desde entonces me hago acompañar
En mis viajes, mis amores y desamores;
cuando soy luz
y cuando soy oscuridad.
Están en mis mañanas de largos despertares,
O en mis noches de inquietos arrancones.
Están en mi cómoda embriaguez y
En mi tormentosa sobriedad.
Después de dos o tres canciones dijo:
Uno escribe siempre la misma canción
sobre un niño con cara de viejo
que se atreve a volar bajo el cielo marrón
que agoniza detrás del espejo.
Uno inventa siempre la misma canción
del poeta borracho y su musa
del teclado mellado del acordeón
del pecado mortal sin excusas.
Uno canta siempre la misma canción
otra noche en el bar de la esquina
cerca de la estación donde duerme un vagón
cuando el tiempo amenaza rutina.
Uno rumia siempre la misma canción
como un perro ladrando a la luna
con la misma trompeta y el mismo trombón de mariachi
que no hizo fortuna.
Uno acaba nunca la misma canción
con aromas de antiguos corridos
luego llega la hora de alzarse el telón
en mi México, lindo y querido.
“No tengo fans, sino cómplices. Alegre y cómplice chilangada, este no es un concierto más”
“Hay una luna llena en ese escote, una pupila fija en el capote de la excitación, hay un reloj que siempre da las cinco, hay una hormiga que anda dando brincos por mi pantalón”
“De ti depende y de mí que entre los dos siga siendo ayer noche, hoy por la mañana…”
No quiero que esta gire acabe. El público mexicano siempre me ha dado más de lo que soñé y merezco, sólo quiero darle mínimamente lo que ellos me han dado. El aroma, lo sabores, el olor de México se ha metido en mi vida y mis canciones. Para mí no hay dos conciertos distintos, México y Argentina los disfruto, cuando estoy en Buenos Aires tengo la sensación de que estoy poniéndole los cuernos a México DF y viceversa.
“Ya sé que tengo que sobrevivir, como si nunca hubiera compartido contigo la primavera y no prestarme más al juego cruel de tus labios, de tu risa, de tus ojos que me hipnotizan. Tendré que imaginar algún lugar donde esconderme con mi amiga la soledad, lejos de la tentación de tus labios, de tu risa, de tus ojos que me hipnotizan”
¿Quién dijo que hoy es múltiplo de antes,
y el ego un envidioso malcriado,
qué maldición separa a los amantes
que no se han olvidado,
quién podrá resolver la cuadratura
de esta regla de tres con calentura?
Virgen de la Amargura,
devuélveme la vida,
sin ti todo es usura
y noches perdidas
facturas,
calenturas,
heridas sin sutura,
caídas,
conjeturas,
sacudidas,
cerraduras
despedidas de locura y callejón.