martes, 27 de abril de 2010

Tu piel



Para gozar de la luna más grande que parió

el año 2009, fui a la Reserva de la Biosfera

Tehuacan-Cuicatlan, de montañas calizas tapizadas

por vegetación semidesértica, en medio de un mar

de la época de los dinosaurios, alrededor de las 8 de la noche

se fue pintando el horizonte con una intensidad

que le pelea al sol, empezó por destruir el brillo de las estrellas

 para aparcar su redondez en el firmamento

e iluminar la noche entera.



Allí supe que tu piel engalana el mismo color de esa

noche desbordada de  luna.



Tu piel

Transitaba con la mirada por el borde ladeado

de tu piel teñida en noche de luna grande,

en busca de una playa inundada de recuerdos

para mojar ausencias llenas de distancia.


Caí en el valle circundante de tu obligo,

allí me extendí en tu olor

y me unté de tu esencia,

para al amanecer diluirme y entrar en ti .

Vinagre y Rosas

Como no acordarme cuando empecé,
Primero a escuchar las canciones y luego a sentir el contenido.
Cruzaba con seguridad mis 22 años,
era una tarde que salía de la escuela,
en un camión de trasporte público,
con tres o cuatro pasajeros,
y abarrotado de sonidos de cuerdas y voces
de este fulano que me alertó en seco y me dijo
a dónde vas, aquí está tu lugar.
Así entraron, sin escalas a mis gustos de ruido
Y soledad.
Acepté y desde entonces me hago acompañar
En mis viajes, mis amores y desamores;
cuando soy luz 
y cuando soy oscuridad.
Están en mis mañanas de largos despertares,
O en mis noches de inquietos arrancones.
Están en mi cómoda embriaguez y
En mi tormentosa sobriedad.


Después de dos o tres canciones dijo:

Uno escribe siempre la misma canción
sobre un niño con cara de viejo
que se atreve a volar bajo el cielo marrón
que agoniza detrás del espejo.

Uno inventa siempre la misma canción
del poeta borracho y su musa
del teclado mellado del acordeón
del pecado mortal sin excusas.

Uno canta siempre la misma canción
otra noche en el bar de la esquina
cerca de la estación donde duerme un vagón
cuando el tiempo amenaza rutina.

Uno rumia siempre la misma canción
como un perro ladrando a la luna
con la misma trompeta y el mismo trombón de mariachi
que no hizo fortuna.

Uno acaba nunca la misma canción
con aromas de antiguos corridos
luego llega la hora de alzarse el telón
en mi México, lindo y querido.

“No tengo fans, sino cómplices. Alegre y cómplice chilangada, este no es un concierto más”



“Hay una luna llena en ese escote, una pupila fija en el capote de la excitación, hay un reloj que siempre da las cinco, hay una hormiga que anda dando brincos por mi pantalón”

“De ti depende y de mí que entre los dos siga siendo ayer noche, hoy por la mañana…”


No quiero que esta gire acabe. El público mexicano siempre me ha dado más de lo que soñé y merezco, sólo quiero darle mínimamente lo que ellos me han dado. El aroma, lo sabores, el olor de México se ha metido en mi vida y mis canciones. Para mí no hay dos conciertos distintos, México y Argentina los disfruto, cuando estoy en Buenos Aires tengo la sensación de que estoy poniéndole los cuernos a México DF y viceversa.


“Ya sé que tengo que sobrevivir, como si nunca hubiera compartido contigo la primavera y no prestarme más al juego cruel de tus labios, de tu risa, de tus ojos que me hipnotizan. Tendré que imaginar algún lugar donde esconderme con mi amiga la soledad, lejos de la tentación de tus labios, de tu risa, de tus ojos que me hipnotizan”
 
¿Quién dijo que hoy es múltiplo de antes,
y el ego un envidioso malcriado,
qué maldición separa a los amantes
que no se han olvidado,
quién podrá resolver la cuadratura
de esta regla de tres con calentura?




Virgen de la Amargura,
devuélveme la vida,
sin ti todo es usura
y noches perdidas
facturas,
calenturas,
heridas sin sutura,
caídas,
conjeturas,
sacudidas,
cerraduras
despedidas de locura y callejón.




jueves, 15 de abril de 2010

En ti

Era la tarde de un jueves, de esos jueves que anochecen a las 8:30, caminaba por el centro de la Ciudad de México, empezando en la avenida Juárez, Madero hasta salir al zócalo.


El viento tibio se llevaba los últimos fotones de color. Un rojo moribundo se asomaba en la pared y en un pórtico de descanso. Sentado en unas butacas que acariciaban la calle, me descubrí pensando en ti.

La fotografía la hice un viernes
de luna grande, invierno aun,
desde la Torre Latinoamericana,
hacia el noreste.
Fue una de esas tardes
que cuando salgo del trabajo
 me desbordo en el río de gente que
camina en el centro histórico.
Cómo me gusta el centro del Defecito!
su arquitectura, sus calles rectas,
sus lugares bohemios,
y sus ecos de lo que fue
el poderoso palpitar de Tenochtitlán.


En ti

Tengo antojo de pedacitos de ti
para esparcirlos en este tequila,
deshacerlos en él y bebérmelo todo,
sentir tu galope en mis venas
y alojarte en los golpeteos de mi corazón.

Pasado un tiempo,
sacarte por mi sudor,
chorrearte por mis ojos
y llorar de amor por ti.

sábado, 3 de abril de 2010

Instante final

Un diciembre helado, bajando por las faldas de Izta.
Ese rojo de incendio cubrio la cara norte del hielo de la Mujer Dormida.
Ese dia me sentí mas vivo que nunca al son del frío
y el viento inclemente.





Con clamor pidió la extremaunción,
Postreras y trémulas explosiones
De sangre, palabras a su boca llevaron.


Al corazón, acercó el oído el cura,
Revolviendo el aire con su diestra,
Con señales confusas al agonizante cubrió.

El intelecto vivo aun en la materia que empezó a transformarse,
Eligió faltas concurrentes de su vida,
Y cuando la macha que al curandero del alma hacía llamar,
Se ahogó con el filo del viento que al cortar
Selló su vida como muerte.