Un diciembre helado, bajando por las faldas de Izta.
Ese rojo de incendio cubrio la cara norte del hielo de la Mujer Dormida.
Ese dia me sentí mas vivo que nunca al son del frío
y el viento inclemente.

Con clamor pidió la extremaunción,
Postreras y trémulas explosiones
De sangre, palabras a su boca llevaron.
Al corazón, acercó el oído el cura,
Revolviendo el aire con su diestra,
Con señales confusas al agonizante cubrió.
El intelecto vivo aun en la materia que empezó a transformarse,
Eligió faltas concurrentes de su vida,
Y cuando la macha que al curandero del alma hacía llamar,
Se ahogó con el filo del viento que al cortar
Selló su vida como muerte.

Se sintió el paso dle viento de la muerte...
ResponderEliminarSaludos
P.D.: Rojo sobre negro es difícil de leer
La fuerza de la palabra y su origen en la cotidianidad.
ResponderEliminarsaludos atte: Víctor